Gran invento y una gran adicción

Guillermo Robles Ramírez

Por Guillermo Robles

Sin lugar a dudas uno de los grandes inventos del ser humano fue definitivamente el teléfono y aunque la mayoría de la gente se lo acredite a Graham Bell porque así figura en los libros de historia, ese tema no va a quedar en discusión sobre quién fue el verdadero inventor del teléfono.

Pero de algo si es seguro es que hoy en día no podemos vivir sin teléfonos, y no se diga cuando se trata de los celulares si este se nos olvida en la casa, o aun peor cuando se nos pierde es como si se nos fuera nuestra vida entera, por la cantidad de información que cargan estos dispositivos móviles.

Uno de los inventos que más trasformación ha tenido de manera revolucionaria que en la actualidad se le llaman teléfonos inteligentes, por su gran capacidad de tecnología y aplicaciones que es como si uno tuviera su laptop integrado a su celular, con base de datos para poder navegar por la Internet.

Las redes sociales son cada vez parte de nuestras vidas, es decir, en nuestras relaciones personales, entretenimiento, trabajo, estudios, etc. Ha cambiado no solo nuestra manera de comunicarnos socialmente, sino también hasta la manera de hacer negocios.

Así como tienen muchos beneficios sabiéndolo usar como herramienta de trabajo, tiene un lado oscuro que cada vez se ha convertido no solo en un problema social, sino uno mundial.

Las principales víctimas son los menores de edad que desde muy temprana edad los mismos adultos, o sea, los papás los ponen en contacto con todas estas tecnologías ya que al menos aquí en México, es la nueva “nana” de los niños para que se entretengan no sabiendo el daño potencial que tienen en sus manos.

En la actualidad tanto niños y niñas desde los 13 años hasta adolescentes de 18 años de edad, han dejado de considerar a sus celulares como eso, un simple teléfono, sino ha pasado a ser una extensión más de su cuerpo, algo que es indispensable para poder vivir.

Pero en sí los celulares no es el problema sino aquellos que tienen la funcionalidad de navegar por Internet, porque eso implica tener a la mano todas sus redes sociales que en lugar de unir solo sirven para separar y distanciar no solo a miembros familiares, sino incluso a sus propias amistades ya que pueden estar a unos cuantos centímetros de distancia y prefieren “whatsappearse”, que decirse las cosas.

Sin darse cuenta el 90 por ciento de los jóvenes ya tienen una fuerte adicción a los celulares por la cantidad de redes sociales que no hacen nada por estar al pendiente de quien manda el mejor chiste, el “Snap” más cómico, “memes”, o un sinfín de cosas que se pueden intercambiar.

Esa nueva extensión del cuerpo, porque no nacieron con ellos, no los deja pensar por sí mismos, y ni tampoco vivir una vida real, sino ahí están acostados en sus camas unos boca abajo u otros boca arriba contemplando el techo en espera a que suene su extensión nueva para participar en esas redes sociales.

El peor problema de ello es que hasta ahorita no existe ningún psicólogo que pueda tratar con ese mal ya que se trata de una adicción y debe tratarse como tal, al día, es decir, solo por 24 horas, así como si se fuera un grupo de alcohólicos anónimos conocido por sus siglas doble “A.A”.

Pero tampoco existen grupos “telefonitis” anónimos, o celulares anónimos, o cualquier otro nombre que le quieran poner, pero no hay grupos que traten la adicción de los celulares, así como un grupo “A.A.” en donde la única manera que han sido un éxito es que quienes lideran esos grupos son personas que han tocado piso en el alcohol y han podido levantarse.

Lamentablemente es algo imposible el tratar de hacer un grupo para tratar la adicción de los celulares porque aquellos quienes han tocado fondo, se han quitado la vida siendo imposible poder dar su testimonio como adictos que son. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org

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